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BANDA - Disco


Fotos: Pedro Cerda


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Baja Fondo de Pantalla 1


Baja Fondo de Pantalla 2

Slayer
Viernes 8 de Septiembre de 2006. 21:00 hrs.
Velódromo Estadio Nacional

Ver a Slayer siempre es cosa seria, si no pregúntenle a los pocos desafortunados que perdieron una zapatilla o ambas producto de los empujones y apretujones que comenzaron apenas empezó el show con casi 20 minutos de atraso. Yo estaba entrando al recinto más o menos a las nueve en punto y entiendo perfectamente el atraso. Resulta que cerca de las nueve aún quedaba mucha gente con entrada en las afueras y si el show hubiera empezado justo a la hora se hubieran producido desmanes más que seguro.

Comienza el fervor encolerizado después de la introducción de God Hates Us All y queda la cagada. La gente se vuelve loca. Los de menor estatura que están adelante se asfixian por la falta de aire fresco. Tom Araya y compañía paran un rato para darle a la gente un respiro. Mucha emoción, mucha adrenalina para diez mil personas amantes del metal en una de sus vertientes más agresivas. Además, y siempre se ha sabido, Slayer deja la cagada donde quiera que toquen. Recomendación: Hacerle un nudo ciego a las zapatillas, para no perderlas.

Un respiro y vuelve la locura, aunque más pausada. Ya pasó el susto inicial. La gente que se retiró hacia atrás vuelve al frente, como si se tratara de una guerra. ¡Hay que volver al campo de batalla! Porque eso es un recital de Slayer. ¡Una verdadera guerra! "War Ensemble", "Die by the Sword", "Cult", del nuevo álbum, y uno que otro tema nuevo o al menos no tan clásico surca el aire enrarecido. Siguen los mosh, sigue el desorden, pero ahora más focalizado. Todo el mundo cabeceando y saltando, hasta el último compadre en la tribuna. Así, pasan sus buenos cuarenta minutos. De todo un poco. La segunda parte del show se aboca a lo absolutamente clásico. No falta "Postmortem" ni "Hell Awaits" ni "South of Heaven" Y una sorpresa agradable… "Chemical Warfare" del notable EP Haunting the Chapel". Hacia el final, más locura colectiva con "Raining Blood" y no, esta vez sin sangre cayendo del cielo como se ve en el DVD. La banda vuelve y… claro, por supuesto, toca "Angel of Death", canción que es algo así como el top hit de Slayer. Y el velódromo enloquece completamente. Y se acaba todo. Ya pasó Katrina pero a diferencia de ese huracán aquí nadie murió, pero quedaron heridos. La gente no se mueve y empieza a pifiar, pero pronto empieza la musiquita que dice "¡váyanse para la casa que el show terminó!".

¡Uf! Intenso. Y bueno, como tiene que ser. Además a 17 lucas la entrada no podía ser de otra manera. Y con respecto al sonido, nada que decir, excepto que estuvo impecable, al igual que el juego de luces. Todo absolutamente profesional.

Esta fue la tercera visita de Slayer a Chile, más encima con Dave Lombardo en la batería, como en los viejos tiempos. Lástima que no dijera ni una sola palabra, al igual que King y Hanneman, ya que sólo Tom habla entremedio de las canciones, y bastante poco. Pero así es Slayer, nada de show extra, nada de solos de batería o guitarra, nada de "los de este lado digan yeah, y los de este otro digan yeah". Como un huracán, Slayer, llega, destruye todo a su paso y desaparece dejando tras de sí solamente los rastros de su inmisericorde destrucción.
[Carlos Avalos]



¡Chileno, chileeeeno!
Es que ver a SLAYER en un concierto no es algo que pase todos los días, menos si se trata de uno en Chile, tierra natal de Tom Araya, quien a pesar de su definitiva lejanía, aun guarda en el fondo de su corazón ese temor y sentimiento que lo hace débil y vulnerable ante una muchedumbre como la que se vio el pasado viernes ocho en el velódromo del mítico Estadio Nacional, y nada mas ni menos que en el mes de la Patria. Todo un acierto. La fragilidad y nerviosismo de Araya era evidente ante las más de 10 mil melenas que repletaron el Velódromo, dispuestas a enloquecer y delirar ante los indiscutidos reyes del metal extremo.
Y pasa que siempre todos quedaremos angustiados tras un show de una banda de este nivel. Digo angustiados porque, siempre quedaremos pidiendo más y más. Slayer cuenta con una notable biblioteca de éxitos que perfectamente podrían tenerlos en un escenario por unas 2 ó 3 horas sin problemas. Pero claro está que a estas alturas no se puede exigir mucho. Además, la velocidad y fuerza con la que tocan arriba, demanda sus buenos kilos de energía.
Tom Araya fue visto el día anterior con su familia (esposa e hijo) en el Parque Arauco. Eso habla de padres de familia que no tienen la energía destructiva de alguien veinteañero. No se puede exigir mucho, a pesar de que la hora y cuarenta minutos que tocaron fue justa, todo el mundos quedó hambriento y pidiendo más. Fue algo como una jauría de lobos salvajes depredadores esperando por algo más a la parrilla. Sin embargo, esa extraña relación que tiene SLAYER con su público, te deja como algo con gusto a poco. No hablan, no dan discursos, no dicen el clásico "esta es el mejor público del mundo" , "los amamos", nada. SLAYER se sube, y te aniquila. No te lo manda a decir no nadie.
La

Previa

Es casi imposible, y resulta difícil concebir una previa de SLAYER sin juntarse antes con tus amigotes del barrio, y beber unas cuantas cervezas para cargar combustible y energías. Lo memorable de noches como la del 8, es que desde las partes más ariscas y recónditas del país, metaleros, metaleras, padres, profesionales, todos se sacan su caparazón y se convierten en verdaderos fanáticos de SLAYER. No importa si viven en Puerto Natales, Arica, o "chuchuncocity" la idea es llegar a la capital y ver a Tom Araya y compañía como debe ser: Sudando, saltando, gritando y dejando todo en la cancha.
Slayer provoca eso y mucho más. Emociones, llantos, gritos, sudor, euforia… te carga de pilas increíblemente. Al menos en mi caso, llegué al concierto muy cansado, pero bastó sólo una canción para que toda mi sangre se envenenara de euforia e histeria. Claro está que todo mi cansancio pasó al olvido y me convertí en uno más de los miles de adictos al Metal hecho con potencia y volumen.




El Show

Como debía ser, SLAYER incluyó en su repertorio una buena dosis de clásicos imbatibles. No recuerdo el orden, si algunos momentos de euforia colectiva que te hacían levitar entremedio de la muchedumbre y aparecer como a veinte metros de donde estabas un minuto antes. Así de caótico y extremo estuvo. Verlo de las Galerías era algo mmm mejor no lo digo. Había que estar abajo. En la jungla, en esa selva llena de adrenalina colectiva. "God Hate us All" como puntapié inicial, no me pareció. Quizás el "War Ensemble" que le siguió hubiera sido mas acertado a la partida. Algo potente, clásico y que deje a todos locos.


El equipo técnico de luces estuvo muy bueno y acertado. Se crearon varias atmósferas y tonalidades que hacían más agradable la vista. Lo malo era que uno tiende a ver muy de lejos estos shows. Estar a veinte metros era literalmente firmar una carta de suicidio. Una pantallita gigante hubiera sido ideal para al menos deletrear el "Heon" que salía en la polera de Araya, o para ver si esa barba era Blanca o negra (Las canas ya son parte de la estética del maestro Tom).
Entre clásicos, cabezazos, codazos, saltos, gritos la hora y cuarenta que pasó fue digna de recordarla. "Hell Awaits" magnifica! "Post Morten", casi muero!!!!!, ufff "Angel Of Death" como cierre, intensísimo. Afortunados los que fuimos, porque sin duda fue un show memorable. Me atrevo a decir que fue la mejor presentación de SLAYER en Chile. Quizás por el hecho de que Lombardo estaba por primera vez en nuestro país. Sin duda su particular estilo, hace que los temas suenen más vigorosos y directos. Ojala esa unión dure mas tiempo.


Reproches

Si hay algo que tengo claridad y certeza de que es una crítica, es sin duda el Velódromo. Insisto y sigo pensando que no es el mejor lugar masivo para ver bandas de tamaña envergadura. Siempre habrán quejas del sonido, sobre todo por que es fundamental estar bien ubicado para agarrar directo la masa de sonido que penetra nuestros tímpanos. Recuerdo el año 98 cuando Slayer tocó con Helloween, Anthrax y Criminal. Esa ubicación del escenario me parecía más lógica y precisa, sin embargo la logística últimamente a estado algo extraña y los capos del sonido (llámense ingenieros), productores ejecutivos, o quien quiera que tome esas decisiones, han estado apostando a nuevas ubicaciones. No me parece mucho. La gente de las galerías queda como algo de lado y el sonido ahí no era el más óptimo. Me pregunto como hubiera sido SLAYER en el Arena de Santiago. Dicen que es un lugar increíble.


Pasteles Varios

¿Quién era ese pastel que estaba saltando eufórico y desnudo arriba del baño químico? Ni siquiera tocaba Madonna o alguna hembra que te provoque excitación como para llegar a pensar en hacer algo así. Jamás en mi historia de conciertos vi algo tan imbécil y pa la risa como ese "pastelito" muerto de la risa y saltando eufórico completamente con las presas al aire. Fue de culto.
[Andrés Padilla]

SLAYER: Satan Laugh At Your Eternally Root!