Un Memorable vistazo al mega evento
metalero del año: Wacken
Open Air 2007 hecho por nuestro columnista estrella
Carlos Avalos.
El reportaje, recorre los diferentes puntos de vista
que tuvo nuestro visitante, que a todo esto, pisaba
por primera vez el viejo continente, y nada menos que
al mismísimo infierno.
Celebrado todos los años en las cercanías
de Hamburgo Alemania, el Wacken se completa con decenas
de bandas metaleras provenientes de todo el mundo. La
idea es ver lo mejor que está sonando y en un
sólo fin de semana.
Un total de 3 días, que tienen el objetivo de
quedarse en tu retina por el resto de tu vida.
Como verán, las fotos, más que nada pretenden
entregar lo que fue su estadía allá, como
se goza la música, como se disfruta algo tan
increible como un mega evento que aun estamos a años
luz de hacer en Chile.
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Wacken Open Air
02 - 04 Agosto 2007
Alemania
Texto y fotos por Carlos Avalos
Intro
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Cuando finalmente puse mis pies en el renombrado
y mítico festival Wacken
lo primero que pensé fue: "Wow,
no lo puedo creer, finalmente estoy acá".
Me costaba creerlo. La planificación para
el viaje había empezado meses atrás,
se habían hecho todos los trámites
habidos por haber, desde sacar pasaporte hasta
comprar una carpa, junto con un montón
de detalles más, propios de un viaje de
tres semanas al viejo continente, donde mi intención
era matar dos pájaros con un tiro: ir al
Wacken y Party
San y conocer Europa, lugar que conocía
sólo por fotos.
Y allí estaba, junto con César
y Priscila, que tuvimos
la suerte de ser acreditados, y dos chilenos más;
Aldo y Ricardo,
el primero de Santiago y el segundo de Talcahuano,
y un compadre más de Argentina. Todos,
al igual que yo, alucinados por el hecho de estar
en la Mecca del metal.
La cara de felicidad que teníamos seguramente
era para la risa. Aunque el equipo Grinder
tenía acceso a estar en el campamento de
la prensa especializada, cuando llegamos el día
miércoles 1 de agosto, con un día
de anticipación, procedentes del aeropuerto
de Hamburgo, no teníamos muy claro dónde
teníamos que preguntar por el asunto de
las credenciales y el camping. Cuento corto, ya
que llevábamos gran peso a nuestras espaldas
y estábamos bastante cansados, considerando
además que cuando llegamos estaba repleto
de carpas por todos lados, lo que hicimos fue
instalarnos en el primer lugar que encontramos.
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Por otro lado, de esta manera no se separaba el
grupo y podíamos disfrutar del Wacken
en patota. Créanme, esto es importante,
porque cuanto estas rodeado de miles y miles de
fans que no hablan una pizca de castellano y a
quienes tú no comprendes nada de lo que
hablan, el estar con un grupo de chilenos para
poder comentar las presentaciones y tomarse chelas
se hace necesario. Por suerte aquel lugar estaba
bastante cerca de donde estaban los escenarios.
Armamos las carpas, descansamos, pusimos nuestra
bandera chilena para que flameara al viento, como
si estuviéramos haciendo patria, y luego
exploramos el campo de batalla.
La primera impresión: ¡Puta la huevada
grande! Porque es grande, gigante. Dos escenarios
principales, un escenario más pequeño
y un cuarto que está dentro de una carpa
rectangular gigante. Y luego está el área
de camping, extenso. Imagínense un lugar
para cobijar a unas setenta mil personas. O sea,
realmente impresionante. Y no olvidemos el lugar
de venta de discos, el más grande de su
estilo en el mundo. Había que pagar, eso
sí, para entrar, y es entendible, ya que
de otra manera entraría todo el mundo.
También están los puestos de comida,
de expendio de cerveza, de souveniers, y un espacio
que separa el área de camping de los escenarios
y cancha. No olvidemos las duchas, los baños,
la tienda de primeros auxilios, etc, etc. Resumiendo,
una mini cuidad metalera.
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Ese día miércoles, a pesar de que
no tocaba ninguna de las bandas del cartel, había
hueveo, como no. En cierta manera era como el
preámbulo de la gran fiesta que se venía.
Y en el espacio que mencioné anteriormente,
entre los campings y los escenarios, donde además,
hacia los lados, habían puestos de venta
de poleras y cosas anexas con la metal fashion,
además de puestos de comida, estaban, a
la hora en que por allí pasaba, los famosos
W.O.A. Firefighters.
Estos son los bomberos del pueblo de Wacken
y su orquesta toca temas que en realidad sólo
los alemanes comprenden. Muy folclórico,
muy alemán, los fans se congregaban alrededor
de los Firefighters,
y saltaban sobre las mesas, y chupaban cerveza
como malos de la cabeza, y cantaban. Hasta bailaban
algunos. No era metal, pero a la gente le encantaba.
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Okay, y ahora, el primer punto anecdótico.
El barro. El maldito barro. Resulta que la semana
previa al festival había llovido a cántaros,
en otras palabras, ¡¡más que
la chucha!!. Y aunque el lugar había sido
cubierto prolijamente con paja, había que
tener cuidado para no quedar todo embarrado. Uno
iba caminando feliz por la vida y, de repente,
va y mete la pata en el fango. Se recomienda,
y no estoy exagerando, llevar bototos o botas
para la lluvia. Lo peor que pueden hacer es andar
con zapatillas. Y claro, como no, yo andaba con
zapatillas. No nos olvidemos de la lluvia. Aunque
es verano en el hemisferio norte en agosto, a
diferencia de lo que ocurre en Chile, especialmente
en el área central, allá llueve
en verano. Y la probabilidad de que llueva, incluso
copiosamente, es alta. De hecho no sólo
llovió en el Wacken,
sino que también en el Party-San. Ley de
Murphy. Con barro o sin él, con lluvia
o no, pueden imaginarse que estando en el Wacken,
el consumo de cerveza se hace imperioso. Y si
estamos en Alemania, esto se transforma ya en
obligación, a menos que sean abstemios.
Claramente nosotros no lo éramos. César
y Priscila, que ya
habían estado dos veces en el Wacken
me dijeron que uno al comprar una chela le daban
un vaso de plástico muy resistente, que
además venía adornado con insignias
del festival (todos coleccionables, llame ya),
y cuando uno terminaba su cerveza y quería
otra, iba con el vaso y le daban otra cerveza
por un euro menos, ya que eso valían los
vasos. O sea, el primer vaso costaba cuatro euros
($2800 aprox) y los posteriores tres ($2100 aprox).
Y si uno quería hacerse de una colección
de vasos para quebrarse con los amigos, bueno,
había que pagar siempre cuatro euros. Y
ahora viene el asunto de los euros. ¿Tres
euros la chela que además no hacía
el medio litro? Un euro son 715 pesos. Hagan la
matemática. 2145 pesos. También
vendían jarros de litro, a siete euros,
o sea, 5000 pesos. Caro, más caro que la
cresta para nosotros los chilenos. ¿Pero
qué le íbamos a hacer? Otra opción
era ir a comprar al supermercado que estaba en
el centro del pueblo, a unos veinte minutos a
pie. Muchos hicieron eso. En realidad miles. Y
había que hacer extensas colas. Además
en el supermercado vendían las cervezas
a temperatura ambiente, y no bien heladas como
nos gusta acá en Chile. Eso no quitaba
que los fans compraran jabas y más jabas
de cerveza, aunque las de allá no se parecen
a las de acá. Vi compadres acarreando por
la calle unas cien latas de cerveza. Todo el alcohol
del mundo se puede ingresar al Wacken, incluso
se puede llevar comida y hacer un asadito, pero
nada de esto se puede ingresar al área
de presentaciones en vivo, a la cancha. Allí
está prohibido, especialmente, el ingreso
de botellas de vidrio.
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