|
Motörhead
Miércoles 2 de mayo de 2007
Estadio Víctor Jara
Textos: Andrés Padilla, Carlos Avalos
y Rossana Montalbán.
Fotos: Juan Rodrigo Saez
Jamás
pensé que volvería a ver a Motörhead
pisar tierra chilena de nuevo después
del fiasco que fue el primer recital de la banda
en el Teatro Monumental, hoy Caupolicán,
en el 95. Para esa oportunidad no asistieron
más de doscientos fans, "los de
verdad", como diría Anton Reisenegger
desde el escenario mientras teloneaba junto
a su banda Criminal la primera visita de un
grupo del que se esperaba convocara mucho mayor
público. Nada que ver con lo ocurrido
para esta segunda presentación, a casi
doce años después, con estadio
lleno, de la cancha hasta la platea alta, como
pocas veces se ha visto. ¡Y que bueno
que el escenario estaba de tal manera que todo
el público quedaba de frente y no con
la platea de lado, como ha ocurrido antes! Por
ese lado, nada que decir. Excelente también
el juego de luces y la puesta en escena de una
banda inmortal, con un Lemmy Kilmister que se
mantiene como si nada, a pesar de sus ya 61
años. ¿Cómo lo hace? ¡Yo
quiero ser Lemmy! ¡Maestro! A la vez,
Mikkey Dee; ex batero de King Diamond, demostró
nuevamente que es un baterista excelente y lejos
el mejor músico de la banda. Y con respecto
a Phil Campbell, este demostró que aunque
no es el equivalente en guitarra de Dee, tiene
al menos un par de trucos que los sabe ejecutar
bien. Pero que no quepan dudas, Mikkey Dee entrega
un aporte importantísimo a Motörhead
y es gracias a él que la banda suena
como cañón en vivo. Quizás
en estudio a veces dejen mucho que desear, pero
en vivo
¡son otra cosa!
En algo así como
hora y media de show Lemmy y compañía
lanzaron su arsenal mortífero y potente
sin compasión, dejando, obviamente, los
tres temas insignes para el final. Tan obvio
que hasta llegó a ser fome por lo poco
sorpresivo. Sí, por supuesto, no faltaron
para el final "Iron Fist", "Ace
of Spades" y "Overkill". Todo
el mundo vuelto loco con esas canciones, aunque
otros clásicos como "Sacrifice"
y "I Got Mine" también fueron
recibidos con euforia. De hecho el público
se mostró muy complaciente, vacilando
cada canción, sin excepción, incluso
un cover de Thin Lizzy. Desde luego que faltaron
sus buenos temas, como "Osgasmatron"
y "Hellraiser", optando Lemmy y compañía
por canciones algo menos conocidas como "Going
to Brazil" o "Just ´cos you
got the Power", esta última dedicada
a los políticos, según palabras
del propio Lemmy, hombre que por lo demás
es de muy pocas palabras. 
Y aunque no me queda
duda alguna de que la mayoría de los
fans encontró el recital la raja, algunos
más objetivos me dijeron que había
sonado mal, muy mal, especialmente desde la
cancha. Yo que estaba en platea alta lo encontré
decente, no excelente, pero bastante mejor que
en el 95. Un amigo mío me contó
que había quedado con un pito o zumbido
dando vuelta en su cabeza por la bulla. El volumen,
desde luego, estaba muy alto. Y este compadre
habla con fundamento, ya que es técnico
en sonido. Me dijo: "hueón, sonó
como las hueas", así, tal cual.
Independientemente del
sonido y las apreciaciones al respecto lo cierto
es que Motörhead tuvo un éxito arrollador,
y con gusto a venganza por el show del 95. El
trío llegó, toco su rock ´n
roll infeccioso, metió más bulla
que la cresta, dañando muchos tímpanos
en el proceso, dejó a la mayoría
contento y luego partió a dejar la cagada
a otra parte. En definitiva, el show cumplió
con las expectativas. No hubo grandes sorpresas,
excepto el blues con Mikkey Dee a la guitarra
y Lemmy cantando y tocando la armónica.
A la vez ese fue el único momento calmo
en toda la presentación. Pero aparte
de eso, ninguna otra sorpresa. ¡Pero qué
más da! Motörhead no está
en este mundo para darnos grandes sorpresas,
sino que para entregarnos buen rock ´n
roll sucio y sin pretensiones y eso fue exactamente
lo que recibimos anoche.
Carlos Avalos.
¿Y Donde quedó
el "Ole Ole Ole Ole, Moooooo torhead
.?
"Hola, buenas noches, somos Motorhead y
tocamos Rock n Roll!", vaya introducción:
simple, efectiva y sin duda que muy certera.
Sin artimañas ni cañones de por
medio, ni efectos especiales para anunciar la
llegada del holocausto, Motorhead salió
a escena con un sonido que era capaz de destrozar
oídos.
Había muchas emociones cruzadas en los
primeros minutos del show. Es que este trío
de monstruos nos dejó a todos medios
entre sordos y enloquecidos. Primero, y aquí
discrepo un poco con mi colega Carlos Avalos,
no recuerdo que para la primera visita de Motorhead,
sólo hubieran 200 personas. Sí
tengo en mi retina que el Monumental se ocupó
solo abajo, y que no estaba lleno, pero ¿200
personas? Lo importante es que en definitiva
tanto la banda como la productora a cargo de
la jugaron por completo en traer de regreso
a una leyenda viva de Rock N Roll. Leyenda que
siempre visitaba Sudamérica en sus giras,
sobre todo Argentina, país al cual el
efecto Rollings Stones sin duda que ha generado
un mercado tentador para todas las bandas de
ese género.
En los días previos,
muchos no apostaban que la noche del 2 de mayo
sería un éxito. Y vaya que lo
fue. Un repleto alucinante hasta el fondo del
Estadio. Y sin duda que la forma de ubicar el
escenario que se ha estado haciendo en los últimos
conciertos, ha mejorado en todo sentido el carácter
de espectáculo "metalico".
Ahora sí que todos podemos disfrutar
con plena alegría todos los embates y
azotes de los destructivos riffs y combos que
expulsan los clásicos Marshalls.
Otro punto a favor, fue
el espectacular show de luces que se montó.
La panorámica era devastadora. Imposible
poder contar todas las luces. Eso fue un gran
punto a favor.
El sonido en mi opinión creo que estuvo
demasiado fuerte. Al menos en el lugar en que
estaba. Sonaba muy alto. Lógicamente
muchos pueden discrepar, pero es entendible.
La hora y media que estuvo
Motorhead en escena fue digna y seguramente
quedará en nuestra memoria por siempre.
Aunque si salí absolutamente enloquecido,
igual pasada la hora y ya más relajado
con un shop en la mano, entre amigos y recordando
los buenos momentos, siempre salen a la luz
algunas falencias y errores que podrían
haber hecho de esta noche, una noche perfecta.
Aunque sonaron varios clásicos imperdibles,
sí faltaron otros que se echaron harto
de menos. Esperaba un cierre infernal con "Orgasmatron",
pero bue. Después de todo, es Rock N
Roll, y había que disfrutarlo a como
de lugar.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Larga
vida a Motooooooorhead!!!!!!!!!!!!!
Andrés Padilla
PD: Se echó de menos un telonero adhok
al evento. Habiendo tanto donde elegir, me pareció
extraño no ver a un Tabernarios, Hielo
Negro o Devil Presley.
MOTORHEAD.. V.3
Anoche el estadio Víctor Jara se vino
abajo, como si un movimiento telúrico
de máxima intensidad en la escala de
rifter hubiera azotado el lugar. Demoledores
como ellos solos, los cabeza de motor dejaron
en claro por qué son una de las bandas
más influyentes y arrolladoras de la
historia del rock, una historia que ha durado
treinta y dos años y que dejó
en claro que no pretende parar. Y si es necesario
usar todos los adjetivos posibles para calificar
lo que Motorhead hizo frente a los fieles fanáticos
que llegaron al encuentro, así será,
aunque cada uno de ellos no alcance para describir
la fuerza aplastante que tiene el trío
más potente que se haya conocido.
Once años no pasan en vano y esta era
la revancha después del bochornoso episodio
de 1995, cuando un vacío teatro monumental
recibió a la banda de Kilmister, por
lo tanto había que reivindicar con creces
aquella noche. A pesar de no contar con teloneros,
la primera buena señal seria la ubicación
del escenario, dispuesto de forma inteligente
a lo largo del estadio, a diferencia de lo acostumbrado,
acortando la distancia desde el final de la
cancha, permitiendo mayor vista y cercanía,
mientras que galería y tribuna se convirtieron
en platea alta y baja, con vista privilegiada
y frente al escenario. Los últimos minutos
antes que el reloj marcara las nueve, lejos
del orden y tranquilidad de cualquier otro evento,
la entrada colapsaba, la cancha había
agotado capacidad y en ambas plateas casi ocurrid
lo mismo. Esta vez todo seria distinto, ver
el lugar lleno y el lienzo de Motorhead instalado
ya prometía mucho por si solo.
Como buenos ingleses,
a la hora señalada ni un minuto más
ni un minuto menos, la banda aparecía
sobre el escenario en medio de la euforia y
emoción que provocaba tenerlos de vuelta.
La presencia de un imponente Lemmy Kilmister
se hacia notar, sin el más mínimo
esfuerzo, acompañado por un Mike Dee
entusiasta dueño y amo de su batería
y un jovial y diestro Phil Campbell a la guitarra.
Arrancaban los acordes de "Dr. Rock"
el clásico del "Orgamastron",
un buen indicio para lo que seria el resto de
la noche. Ametralladora imparable que no dio
descanso, para seguir con "Stay Clean",
otra clásica de aquellas infaltable y
esperada del "Overkill" de 1979, no
había duda era el motor más rugiente
y veloz de todos, cada minuto del tema reafirmaba
a la banda, a pesar de ser las primeras canciones
del set list, mientras el sonido aun no se afiataba.
Los saludos de Lemmy no se hicieron esperar,
con voz aguardentosa y acento británico
no dejaba de disculparse por no volver antes
y por olvidarse de Chile en 2004, se agradecía,
pero eso ya no importaba porque estaban ahí
en frente para saldarlo todo.
La tercera era lo más
fresco, de su reciente disco "Kiss of Death",
del cual sólo mostraron tres temas "Be
my baby "One night stand" y "Sword
by glory". Los próximos en sonar
fueron los riffs de "Killers" directamente
desde el "Inferno" ('04) de Motorhead,
no era un clásico pero si uno potente,
para volver a "Overkill" con "Metrópolis",
le seguía "Over the top", ahí
mismo, en "I got mine" era una del
"Another perfect day" del '83, y algo
más del "Inferno" con "In
the name of tragedy". Como debía
ser, los ochentas seguían acaparando
buena parte del repertorio, pero esperábamos
algo aun más clásico, venía
"The Chase is Better Than the catch"
del híper clásico disco "Ace
of Spades" de 1980". Al mismo tiempo
entre tema y tema, el fornido y veterano Kilmister,
vestido cual vaquero, supo en cada momento como
encender aun más a todo el estadio, nada
de recursos baratos porque no es su estilo,
pero si una llegada de los mil demonios invitándote
al rock n roll.
La noche transcurrió
entre un público poseído y un
repertorio escogido para la ocasión,
pues se notaba que la banda pretendía
abarcar al máximo las tres décadas
de rock que tienen a cuestas, a riesgo de dejar
abajo los temas más preciados de un interminables
legado de clásicos, equilibrando los
más emblemáticos de cada etapa
con algunas joyitas de cada disco. Hablo de
dedicación cuando Lemmy anuncia el siguiente
tema de un viejo amigo, era "Rosalie"
de un cover para otro cover, esta vez en recuerdo
de Thin Lizzy y su amigo Phil Lynnot, ahora
re versionado por Motorhead, sin duda un regalo
bien escogido. Ahora era el turno de repasar
algo de los discos noventeros de la banda, se
esperaban temas del "Bastards" o "March
or die", pero a cambio de eso, llegó
la anunciada y bestial "Sacrifice"
en una versión aun más animalesca,
extendida por el solo de batería de Mr
Mike Dee que dejó estupefactos, paralizados
y noqueados a todos con cada golpe que le dio
a la batería, sin ánimo de guardarse
nada y decidido a desplegar todo el poder en
las baquetas hasta soltarlas en el viento de
tanta fuerza.
Aun quedaba para rato y la energía del
trío era avasalladora. Después
de la poderosa "Just ´cose you got
the power" del "No sleep at all"
de finales ochentas, llegó "Going
to Brasil" y la próxima tampoco
tuvo problema en dejarnos con la lengua afuera,
"Killed by death", nada de medias
tintas de lleno esta bestia llamada Motorhead,
atacaba nuevamente, coreada cabeceada y celebrada.
Lo que le seguiría no tendría
precedente, por ser clásico de clásicos
y una despiadada descarga de poder, rápida
y rabiosa, con el bajo Rickenbaker de Mr Lemmy
Kilmister apunto de cortar cuerdas, era "Iron
first".
Ya para ese momento estaba todo dicho una y
otra vez, la máquina más pesada
y veloz del mundo no había parado de
sonar y de aplastar cabezas. Quedaba poco y
la primera parte se había ido, para volver
minutos después con una segunda dedicatoria,
delicadeza y joyita, dos guitarras acústicas
y un Lemmy Kilmister sin bajo, sólo frente
al micrófono y con armónica en
mano, sonó "Whorehouse blues"
canción de mujeres y cantina, le ponía
un toque a la noche.
Se venia el cierre, las últimas cartas
eran "Ace of Spades" y "Overkill"
dos de los tragos más fuertes de la noche,
terminaron por secar gargantas y destrozar tímpanos
con las arremetidas del final de "Overkill"
a cargo de Dee, acelerando hasta mas no poder
junto con el riff afilado de la guitarra de
Campbell.
Más fuerte, más
rápido, más intenso que cualquiera,
un engranaje de sólo tres potentes piezas
que lo hacen todo y no les falta nada. Sonido
avasallador, al cual sólo le jugó
en contra la mala acústica del lugar,
pero que no pudo empañar, ni minimizar
la calidad y fuerza impetuosa con la que Motorhead
hace música, brutal, directa y endemoniada,
que sacude y no da respiro, algo demasiado simple
y espectacular al mismo tiempo para ser verdad,
pero lo es, y todo el estadio, con cerca de
cinco mil personas pudo reafirmar y comprobar
en una hora y cuarenta minutos, tiempo que nunca
es suficiente para una banda de este calibre
y que deja ánimo para más, porque
nada basta si se trata de un festín de
rock puro, al cual puede etiquetarse y calificarse
una y otra vez, pero que no se entiende hasta
haberlo visto y escuchado.
Por Rossana
Montalbán.
|