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Extreme Metal Chilean Bands
Open Air “El Pantano”
12 de Abril. 14:00 hrs.
Texto y fotos por Carlos Avalos

UNBLESSED
MAGNANIMVS
(No tocó)
NERGAL
TWILIGHT MIST
KYTHRONE
SIASKEL
BELLUM
CHRONICUS
GORHOTH
OCCIDENS
DENYING NAZARENE
MELEKTAUS




Interesados en mandar links de videos filmados de este festival y que esten en youtube, pueden hacerlo para que sean incluidos en este review...
( grindermag@grindermagaznie.cl )



Algunas imágenes del show....
Se necesitan de Melektaus y D.Nazarene.


Kythrone


Bangers.....


Occidens


Bellum


Nergal


Twilight Mist


Siaskel

Siaskel

 


 

La sola posibilidad de poder ver al aire libre a más de diez bandas de metal extremo hacía del Open Air “El Pantano” un evento llamativo. No todos los días se ven festivales así. De hecho, tengo entendido que esta fue la primera vez que se hacía algo de esta magnitud, con tantas bandas, y todas chacales. Por eso, esto era algo para no perderselo.

El lugar del evento fue cerca de Puente Alto, Metro Elisa Correa. Para nada cerca, a menos que se viva en La Florida o Puente Alto, y me imagino que la lejanía del lugar hizo desistir a muchos en ir. Pero los que llegamos, que calculo fueron al menos 500 personas, y quizás un poco más en su momento peak (entre las seis y siete de la tarde) pudimos disfrutar de una avalancha de metal chakal.

Aunque esto iba a empezar a las dos de la tarde, lo cierto es que empezó pasada las tres de la tarde, y cuando yo llegué ya había tocado Unblessed. Alcancé a pillar a la segunda banda, Nergal; grupo de La Serena que cultiva un abrasivo black metal muy en la onda de Marduk. Tocaron siete canciones (el guitarrista me pasó el setlist), destacando “Cordero de Dios” en versión blasfema. Luego fue el turno de Twilight Mist. Estos compadres tocan una música que recuerda mucho a Dimmu Borgir, especialmente en el uso de teclados. Su presentación hubiese estado mejor de no haber sufrido varios problemas de sonido. De pronto ya no se escuchaba la voz, volvía, pero luego fallaba el micrófono otra vez. No serían los únicos con problemas técnicos. Luego de ellos fue el turno de Kythrone, banda que he visto ya varias veces, y ellos también tuvieron graves problemas de sonido. Peor aún, un compadre se subió al escenario y empezó a cantar, cosa que muchos consideraron chistoso, pero aquello era el reflejo de la falta de seguridad en el recinto. Cualquier mono podía subirse al escenario y cagar una presentación. Obviando todos los problemas de Kythrone, el cuarteto fue la primera banda en dejar la cagada en el público. Y el cielo amenazante que nos cubría y que amenazaba con lluvia fue un telón de fondo inmejorable para su presentación.


Kythrone en acción junto a su amuleto de la muerte ( Necrobar )


Luego fue el turno de Siaskel, seguido de Bellum y luego Chronicus. Lo primero que me llamó la atención de estos últimos fue que no contaban con un bajista. ¿Una banda sin bajista? Nunca antes había visto una. Y por el nombre, muy similar a “Chrionics” pensé que tocaban a lo Slayer pero la verdad es que ellos tocan un death metal más tirado para el Grindcore. Su vocalista me recordó a su similar de Prostitute Disfigurement, o sea, con voz más que gutural, completamente infrahumana.

Estuvo divertida su presentación. Luego tocó Gorhoth seguidos de Occidens. Estos últimos estuvieron más de veinte minutos arriba del escenario sin que partieran nunca, esto, debido a problemas con la batería. La gente se impacientaba, empezaron las pifias, pero al final tocaron salvando los problemas técnicos que, desde luego, fueron la nota persistente en todo el festival.

Eran cerca de las once de la noche y yo ya estaba chato, así que me fui para la casa. Quedaba todavía el turno de Denying Nazarene y Melektaus, sin lugar a dudas las dos bandas con más peso en este festival. Lástima que ya a las once de la noche se hubiese reducido la cantidad de público a la mitad.

Con respecto a los bebestibles y comestibles: la cerveza en lata de medio litro estaba a $1000 pesos, los choripanes a $500. Y esa era toda la oferta gastronómica. No se podía ingresar con alcohol al recinto, pero sí se podía ingresar comida. Vendían, además, la polera oficial del evento, a cuatro mil. Bien cool la polera.

Resumiendo, creo que la idea de estos festivales es muy buena. Estar todo un día escuchando metal y vacilando al aire libre no es malo. Como concepto, la idea es genial. Hay que solucionar los problemas técnicos, especialmente los relacionados con el sonido para las bandas. Es de esperar que si se siguen haciendo estos eventos cada vez vayan mejorando más y así, quizás, algún día, podremos tener en Chile un festival al estilo Wacken con camping incluido. Eso sí que sería chacal.

Por Carlos Avalos.

 


Occidens